Cuatro clásicos son demasiados, incluso para los que nos gusta el fútbol. Repito, para los que nos gusta el fútbol, porque en esta saga futbolística se ha visto de todo, pero fútbol más bien poco. Las tanganas, rifirrafes y piques han prevalecido sobre el espectáculo y la tensión se apoderó de cada encuentro como si de una cuestión de vida o muerte se tratase.
Expulsiones, patadas, piscinazos, quejas, insultos racistas, etcétera. Se supone que el fútbol es un juego, un deporte, no un combate ni una guerra como ha parecido durante este eterno mes de abril. La prensa decía que se enfrentaban los dos mejores equipos del mundo pero el espectáculo los ha dejado un poco en evidencia.
Pero de fútbol, lo que es fútbol, más bien poco. Barça y Madrid tienen dos estilos distintos, pero por encima de eso triunfaron las malas formas (quizá fomentadas por Mourinho en el vestuario blanco pero también alimentadas por los constantes piques en el campo entre jugadores de los dos equipos).
Después de cuatro partidos, lo mejor que puedo decir es que por fin se ha acabado este largo ‘vía crucis’ y que podremos descansar tranquilos a la espera de nuevos partidos que, sin ser clásicos, son mucho más vistosos y agradables de cara al espectador futbolero. Mucha estrella para tan poco espectáculo.
Pero lo más lamentable de todo, es el paupérrimo 'show' que ambas directivas nos han deleitado con el numerito de las denuncias ante la UEFA. Parece una pelea de patio de colegio entre dos critaruras. Que si yo te denuncio primero, que si tú me denuncias yo también te denuncio, que si yo tengo razón, que si no, que si empezaste tú... En definitiva, ni rastro del ejemplo que dos (teóricamente, que no en la práctica) instituciones deberían ofrecer a los más pequeños y también a los más grandes. Un ejemplo de convivencia y de disputa en buena lid, sin ir más allá de lo que es el deporte.
Es cierto que 'Mou' o ha radicalizado el Madrid a base de declaración altisonante pero no toda la culpa le pertenece. El Barça tampoco ha estado fino cayendo en sus provocaciones y ha ayudado a que el conflicto se expandiera como la pólvora. En fin, dejémoslo así, como la pelea de dos niños en el patio de colegio...
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