jueves, 5 de mayo de 2011

Panem et circenses

Puede que quede como un utópico o que suene a discurso moralista, pero no me gusta nada que la sociedad española esté basada en el Panem et Circenses latino, o lo que es lo mismo, el pan y circo. En la cúspide del Imperio Romano eran los gladiadores los que se encargaban de entretener a los plebeyos, que se entregaban en cuerpo y alma al bochornoso y macabro espectáculo, que servía para abducirlos y olvidar así otros problemas de la vida cotidiana. El emperador lo sabía, y por eso lo alimentaba. Era consciente de que mientras el pueblo tuviera comida y entretenimiento,tendría bien cubiertas las espaldas.

Salvando las distancias, nuestra sociedad occidental se encuentra en una encrucijada similar y más acentuada es la cuestión si el país del que hablamos es España. Los gladiadores son ahora deportistas, pero el fondo sigue siendo el mismo. Mientras haya fútbol (por nombrar al deporte mayoritario), el pueblo reposa tranquilo. Hay cinco millones de parados -exceptuando aquellos que trabajan en negro, que son unos cuántos- y la gente no sale a la calle. "Mientras haya circo, hay esperanza" pensarán los más optimistas.



Los gobiernos, azules y rojos, conscientes de la importancia de este maná para la población eluden meterse en 'fregaos' o en 'berenjenales' que les puedan costar caros. La lucha contra el dopaje es el mejor ejemplo. Casos como la Operación Puerto o la Operación Galgo son una muestra de ineficacia judicial que contaba con el beneplácito del gobierno. ¿Cuándo va a salir la lista de los implicados en la OP? Puede que dentro de muchos años, pero no ahora, no interesa. Como tampoco interesa que se obligue a los clubes de fútbol a pagar sus deudas con Hacienda puesto que se correría el riesgo de que no hubiera Liga.

Pero, fijémonos en nuestros vecinos. En la Italia de Berlusconi que tanto criticamos. Allí, al menos, se lo toman en serio. No les tembló el pulso para descender a Juventus, Lazio y Fiorentina a la Serie B por amañar partidos. Tres grandes equipos que se vieron envueltos en un escándalo soberano y que dieron con sus huesos en la segunda división transalpina. Aquí, cada año se compran partidos para ascender a Primera División y la justicia hace oídos sordos, como en el caso del Hércules la pasada temporada.

Pero no sólo en fútbol, en Italia, la lucha contra el dopaje es seria. Es cierto que si nos fiamos del ex Secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky, en España también se lucha contra el dopaje, pero la realidad es otra. Desde la prensa madrileña se dice que los demás países nos tienen "envidia" y que por eso nos acusan de ser un "paraíso fiscal" para los deportistas pero la realidad es bien distinta. Simplemente son estados con algún tipo de seriedad de la que carecemos y donde el que la hace la paga. En Italia el CONI (Comité Olímpico Nacional Italiano) sancionó a Valverde por su relación con la Operación Puerto mucho antes de que la Unión Ciclista Internacional (UCI) le impusiera la sanción de 2 años de inhabilitación. Mientras tanto, en España, se le dejaba correr y se le protegía. Que se preparen los madrileños si la 'seriedad' de Lissavetzky llega al Ayuntamiento.

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