viernes, 6 de mayo de 2011

¿Los dos mejores equipos del mundo?


Cuatro clásicos son demasiados, incluso para los que nos gusta el fútbol. Repito, para los que nos gusta el fútbol, porque en esta saga futbolística se ha visto de todo, pero fútbol más bien poco. Las tanganas, rifirrafes y piques han prevalecido sobre el espectáculo y la tensión se apoderó de cada encuentro como si de una cuestión de vida o muerte se tratase.

Expulsiones, patadas, piscinazos, quejas, insultos racistas, etcétera. Se supone que el fútbol es un juego, un deporte, no un combate ni una guerra como ha parecido durante este eterno mes de abril. La prensa decía que se enfrentaban los dos mejores equipos del mundo pero el espectáculo los ha dejado un poco en evidencia.

Pero de fútbol, lo que es fútbol, más bien poco. Barça y Madrid tienen dos estilos distintos, pero por encima de eso triunfaron las malas formas (quizá fomentadas por Mourinho en el vestuario blanco pero también alimentadas por los constantes piques en el campo entre jugadores de los dos equipos).

Después de cuatro partidos, lo mejor que puedo decir es que por fin se ha acabado este largo ‘vía crucis’ y que podremos descansar tranquilos a la espera de nuevos partidos que, sin ser clásicos, son mucho más vistosos y agradables de cara al espectador futbolero. Mucha estrella para tan poco espectáculo.

Pero lo más lamentable de todo, es el paupérrimo 'show' que ambas directivas nos han deleitado con el numerito de las denuncias ante la UEFA. Parece una pelea de patio de colegio entre dos critaruras. Que si yo te denuncio primero, que si tú me denuncias yo también te denuncio, que si yo tengo razón, que si no, que si empezaste tú... En definitiva, ni rastro del ejemplo que dos (teóricamente, que no en la práctica) instituciones deberían ofrecer a los más pequeños y también a los más grandes. Un ejemplo de convivencia y de disputa en buena lid, sin ir más allá de lo que es el deporte.

Es cierto que 'Mou' o ha radicalizado el Madrid a base de declaración altisonante pero no toda la culpa le pertenece. El Barça tampoco ha estado fino cayendo en sus provocaciones y ha ayudado a que el conflicto se expandiera como la pólvora. En fin, dejémoslo así, como la pelea de dos niños en el patio de colegio...

jueves, 5 de mayo de 2011

Panem et circenses

Puede que quede como un utópico o que suene a discurso moralista, pero no me gusta nada que la sociedad española esté basada en el Panem et Circenses latino, o lo que es lo mismo, el pan y circo. En la cúspide del Imperio Romano eran los gladiadores los que se encargaban de entretener a los plebeyos, que se entregaban en cuerpo y alma al bochornoso y macabro espectáculo, que servía para abducirlos y olvidar así otros problemas de la vida cotidiana. El emperador lo sabía, y por eso lo alimentaba. Era consciente de que mientras el pueblo tuviera comida y entretenimiento,tendría bien cubiertas las espaldas.

Salvando las distancias, nuestra sociedad occidental se encuentra en una encrucijada similar y más acentuada es la cuestión si el país del que hablamos es España. Los gladiadores son ahora deportistas, pero el fondo sigue siendo el mismo. Mientras haya fútbol (por nombrar al deporte mayoritario), el pueblo reposa tranquilo. Hay cinco millones de parados -exceptuando aquellos que trabajan en negro, que son unos cuántos- y la gente no sale a la calle. "Mientras haya circo, hay esperanza" pensarán los más optimistas.



Los gobiernos, azules y rojos, conscientes de la importancia de este maná para la población eluden meterse en 'fregaos' o en 'berenjenales' que les puedan costar caros. La lucha contra el dopaje es el mejor ejemplo. Casos como la Operación Puerto o la Operación Galgo son una muestra de ineficacia judicial que contaba con el beneplácito del gobierno. ¿Cuándo va a salir la lista de los implicados en la OP? Puede que dentro de muchos años, pero no ahora, no interesa. Como tampoco interesa que se obligue a los clubes de fútbol a pagar sus deudas con Hacienda puesto que se correría el riesgo de que no hubiera Liga.

Pero, fijémonos en nuestros vecinos. En la Italia de Berlusconi que tanto criticamos. Allí, al menos, se lo toman en serio. No les tembló el pulso para descender a Juventus, Lazio y Fiorentina a la Serie B por amañar partidos. Tres grandes equipos que se vieron envueltos en un escándalo soberano y que dieron con sus huesos en la segunda división transalpina. Aquí, cada año se compran partidos para ascender a Primera División y la justicia hace oídos sordos, como en el caso del Hércules la pasada temporada.

Pero no sólo en fútbol, en Italia, la lucha contra el dopaje es seria. Es cierto que si nos fiamos del ex Secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky, en España también se lucha contra el dopaje, pero la realidad es otra. Desde la prensa madrileña se dice que los demás países nos tienen "envidia" y que por eso nos acusan de ser un "paraíso fiscal" para los deportistas pero la realidad es bien distinta. Simplemente son estados con algún tipo de seriedad de la que carecemos y donde el que la hace la paga. En Italia el CONI (Comité Olímpico Nacional Italiano) sancionó a Valverde por su relación con la Operación Puerto mucho antes de que la Unión Ciclista Internacional (UCI) le impusiera la sanción de 2 años de inhabilitación. Mientras tanto, en España, se le dejaba correr y se le protegía. Que se preparen los madrileños si la 'seriedad' de Lissavetzky llega al Ayuntamiento.

El profesor

Cada tres años surge casi de la nada el famoso informe PISA que no hace más que constatar la evidencia, que el nivel de conocimientos de los estudiantes españoles está muy por debajo del de la media europea. Pues bien, la aparición de dicho informe no es más que la excusa perfecta para que una parte de la prensa aproveche el momento para estigmatizar al sector estudiantil del país. Es entonces cuando se dibuja de forma sesgada y prejuiciosa una juventud en la que sólo los valores de la pereza, la desmotivación y la falta de trabajo imperan por encima del resto de principios. Ese sector de la prensa –no caeré en su mismo error de generalizar a un colectivo por unos pocos- debería buscar la raíz del problema en otro sitio, puesto que al fin y al cabo los estudiantes –una parte de ellos, ¡no generalicemos tampoco!- son los más interesados en aprender.



Es obvio que los cambios constantes en el sistema educativo español no favorecen, más bien dificultan, el aprendizaje de los alumnos y también el trabajo de los profesores. Ahora que surge la figura del profesor recuerdo que para que un alumno interiorice algún tipo de conocimiento debe haber alguien que se lo transfiera, esa es -o debería ser- la figura del maestro. Sin embargo, el concepto clásico de profesor ha variado mucho con el paso de los años y ahora no se contempla como el ente transmisor de sabiduría que era antaño, sino que se tiene de él una imagen prejuiciosa. El profesor es el funcionario perfecto: tres meses de vacaciones, innumerables ventajas, horas libres entre clases, etcétera.



Muchos de los alumnos a los que la prensa cataloga de vagos e irresponsables quieren y desean aprender pero se encuentran –en ocasiones, no siempre- con profesores que se explican como un libro cerrado o que no logran motivarles para que adquieran más conocimiento del preestablecido, que rara vez se asume. Una parte del profesorado –no toda- se ha establecido en la comodidad del sistema funcionarial y se dedica a cumplir su horario laboral. El conformismo en alguien que debe explicar y fomentar el aprendizaje y la formación deberían estar prohibidos. El informe PISA juzga a los estudiantes y su nivel de conocimientos, pero ¿quién evalúa a los profesores que son parte directa del éxito o fracaso de sus discípulos? Basta una pregunta a los alumnos para saber qué profesor logra motivar y sacar lo mejor de sí de los estudiantes y cuáles no logran ese objetivo. Ser profesor es mucho más que saber, ser profesor consiste en saber explicar el saber.